Verano en Nápoles



Hace poco Duhalde dijo, a propósito de la toma en Soldati, que aquel que gobierna sabe que en Diciembre hay que cuidarse. Estas palabras cínicas y patéticas tienen algun grado de verdad. Es la época del año cuando, por ejemplo, más se pudren las cosas en cárceles y manicomios.
La sensación de ansiedad que genera una noche de calor espeso es la oportunidad para pensar en sí mismo y en nuestras "opciones de libertad". Seguramente no sea solamente el calor sino también el fin de año y las fiestas lo que obliga a hacer un balance o a embarcarse, con mayor o menor grado de intencionalidad, en alguna práctica catártica.
A la vez uno puede sentir como se conmueven, al menos por un rato, ciertos hábitos de cálculo y planificación. Estamos todos un poco hartos de lo que llamamos la "rutina" y ansiamos fugarnos hacia algún archipiélago con otras (o ninguna) norma; un lugar (fìsico o mental) que nos de alguna prueba vital de que nuestra vida es algo más que eso que pasó de marzo a diciembre. Algunos como yo, son presas de ideales irrisorios que se traducen en listas de cosas por leer, por ver y por hacer. Una especie de entrenamiento anónimo e implacable que nos haga sentir a la altura de la historia (y su conquista).
Es sabido que lo propio de todo plan es que falle, y que el deseo se escurre y pierde su densidad como humo entre los dedos. ¿Y entonces? Yo no sé. Este año han sucedido (y todavía siguen sucediendo) cosas importantes. Pero la urgencia no es nunca buena consejera, y la espontaneidad (ya lo sabían los estoicos) solo vale cuando es el fruto contingente de la fuerza del coraje que madura (sin caerse de podrido).
Para aquel que lea, para mí, buen verano.



En tu sueño hay un sitio
donde yo no soy imposible
allí freís tu cerebro y llorás
porque no mirás y sos mirado.

Yo soy mis sueños!
Y vos?... vos sos tu sueño sin fin!
No ves que la eternidad, mañana acaba...
y te vas!

Vos llevás un tatuaje...
que va muy bien con tu tristeza
Te echás atrás con mucha pereza
y dejás que un susto te haga tropezar.

Yo soy mis sueños!
Y vos?... vos sos tu sueño sin fin!
No ves que la eternidad, mañana acaba...
y te vas!

Yo soy mis sueños!
Y vos?... vos sos tu sueño!
El perro que nos mordió
hace poquito murió...

Una Gretsch en el agua
abajo, allí en la pileta...
está esperando en el fondo
que vos quieras rescatar su ruido crudo...

Yo soy mis sueños!
Y vos?... vos sos tu sueño sin fin!
No ves que la eternidad, mañana acaba...
y te vas!

Skyline





El tema que realmente quería poner es el tercero, que se llama algo así como "estar a solas con vos". Pero aparece el disco completo porque no sé ponerlo de otra manera, hice de falta virtud (o potencia) y pensé que este disco va muy bien con esta época del año y (ay ego) de mi vida tambièn. En cualquier caso siempre creì en el caràcter vagamente performativo de la mùsica.

Luego de uños años muy intensos, Bobby cambia la voz, se acerca a Yoni Cash, se recuerda a sí mismo de otra època; una revista cualquiera hablarìa de una de sus tantas mutaciones, un artista deleuzianos, si los hay. Acà dice algo asì como: no hay que tirar todo por la borda, que los perros tambièn miran el cielo, que la ùnica salida al nihilismo es la creaciòn y la pràctica por el cambio de las formas de vida. En un tiempo que reduce todo a los lìmites de nuestra vana proyecciòn, salir al contacto, a la disoluciòn, a probar porque sì. Cerrar los ojos fuerte y querer que todo siga ahì, y que no sea solamente lo que siempre conocimos.

Y además







Hace poco estábamos con S. en un colchón en el suelo, en una habitación ambientada para un corto: muñecos y cortinas de colores pastel, almohadones con forma de corazón, una muñeca y un dni que era el centro de la trama es lo que recuerdo. En un momento nos pusimos a jugar con la muñeca, esas tipo bebote, pelada, de las que se le cierran los ojos cuando las acostas. Yo la agarraba y le hacía mover las manitos mientras decía "Quiero vivir, quiero vivir". S juzgaba un poco idiota los movimientos de la muñeca (supongo que los míos también), pero se reía a carcajadas y era (hay que decirlo) una maravilla.
Días después S. recordó la situación y me dijo que le causaba gracia porque pensaba en la muñeca como muerta o deprimida, expresando en un reclamo desgarrado sus deseos por vivir. En ese momento yo recordé (y no le dije) que según J.L el problema del neurótico depresivo se puede reducir a esa pregunta, como el del histérico al problema de si es hombre o mujer. En fin, ¿Se deprimen las muñecas? ¿Qué hacen los juguetes cuando nadie los ve? ¿Esa será la razón por la que los humoristas tienen fama de melancólicos? ¿Porque fuera de situación son como un juguete en desuso? Qué sé yo, debe haber páginas de todo y para todos, frase barata y estrecha que últimamente me sirve para abreviar cualquier tópico que me parece tedioso o insoluble. Y como siempre tuve una relación contradictoria y espantada con la eternización de la propedéutica yoíca espiritual, no voy a indagar demasiado en esta insólita actitud que emerge como un yuyo, feo pero persistente, en el baldío soleado de mi territorio imaginario.

Calamaro ya fue (y sigue siendo)



Soy de los que recibieron con alegría (y emoción) la vuelta de Calamaro con "El Cantante": la voz quebrada, ese bigote que lo acercaba a una cierta intemporalidad adulta de ruta y caja de camión. La elección de los temas, pero sobretodo el sonido de ese disco parecía traducir frágilmente el fondo de la melancolía (de la botella vacía) post corazones (y narices) destrozadas. Ese disco es del 2004, dos pares después de la publicación de El Salmón, que en esa época (2002-03) yo escuchaba obsesivamente. Una identificación juvenil que me permitia pensar que un velador (prendido) perdido a cualquier hora del día podía ser tambíen un (mi) Deep Camboya; ese rincón de la casa de Andrés en la que (según la autoleyenda) se grabó, con solo un portaestudio, la obra descarnada.
En fin, en el 2005 Calamaro tocó en Córdoba, en el Cosquín Rock, en la plaza Próspero Molina, todavía tímido y olvidadizo, con la voz bien abajo contenida por una re banda, como es la Bersuit. Y lo puedo contar como uno de los mejores recitales de mi vida. Después vendría la resurrección, los anteojos negros y la gira interminable. Salieron discos y recitales lindos, pero no sé si más que eso. Me resultó un poco desabrido sentir que había una especie de pretensión de retorno inmaculado, con aroma a análisis marketinero y acumulación desenfrenada de euros.
En cualquier caso, no quiero ver a AC hecho mierda, para nada, me gusta escucharlo y saber que hace nuevas canciones. Aunque su lengua sea ahora más filosa públicamente, extraño esas búsquedas desesperadas (audaces o frívolas, según el ojo) que dieron lugar a canciones como La ranchada de lo paraguayos, que grabó para un disco de Javi Limón y que incluyó en esa marea innecesaria que son las llamadas Obras Incompletas.

En el quinto estaba
la ranchada de los paraguayos
mezcla rara de gratas
tráfico, caño y bagayos

Clan paisanal,
cerrado convite de comida regional
algún camionero conversador
algún zarpado y gil

Buena gente de pipa
justa, sonriente y callada
aunque estén pagando mucho
siempre comparten su poco

También un viejito loco
debutando en su primera vez
por ir en busca de una heladera
que no era suya ¡que bulla!
era de su vecino Falabrino

Se la mandaron de Paraguay
mejor alegría no hay
el flaquito callado pagaba
por ensartar a un yuta
que trató a su novia de puta

El petiso gordito cocinaba
antes manejaba un camión
con carga vegetal…que tal?
no habrá ninguno igual
no habrá ninguna
no habrá ninguno igual
no habrá ninguna
que mala fortuna!

Había otros pero esos
resaltaban: eran hombres
que pagaban los que otros zafaban

Motín a los cuatro vientos
no se aguanta estar adentro
algunos están por nada

El perro tendrá su día




Bueno, si está banda suena así en vivo tal vez haya que hacer el esfuerzo por verla. Me parece que puede ser la banda de sonido de la vida de un perro, de Dimba por ejemplo, que hoy a la mañana salió disparado como un zorro a la calle. Según G., Dimba "no puede con su vida"; es más o menos así, te mira con la boca abierta, los ojos chispeantes, te persigue hasta el baño y yo creo que no entiende por qué el mundo es tan mezquino con sus deseos. Corre desesperado de una punta a la otra de la cuadra, intenta obedecer el silbido que le largo cuando veo que se está por trenzar con otro perro y viene, me mueve la cola, reclama mi mano en su lomo, y sigue un rato más.

Le dimanche je vais partir, il faut change la vie



Por primera vez me mudo a otra casa. A mi me gusta decir que los 27 son la edad del rock, al menos de los suicidas del rock... Hace un tiempo le decía a C. que tenía ganas de irme a vivir a otro país, a un lugar donde se hable otro idioma. En realidad no sabía, pero era evidente que algo tenía (ay, siempre tiene) que cambiar. A la vez, sé que es una ilusión un poco idiota pensar que cambiar de lugar va a modificar totalmente las cosas. A propósito, M. me dijo, con su habitual y proverbial sabiduría, atravezada por una gran sonrisa de amistad: es verdad, pero podes estar con esa ilusión un tiempo al menos. Ah, la canción no tiene que ver con nada, pero tenía que ser algo en otro idioma.